Papa León XVI critica la “economía distorsionada” y reivindica la dignidad humana en su primera misa de Navidad.


El papa León XVI lamentó este miércoles que “una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía”, durante la homilía de la misa del Gallo, celebrada en la basílica de San Pedro, en su primera Navidad como pontífice, tras su elección el pasado 8 de mayo.
Ante unos 6.000 fieles, en la ceremonia con la que la Iglesia católica conmemora el nacimiento de Jesucristo, el pontífice estadounidense centró su mensaje en el sentido profundo de la Encarnación. Señaló que, para “iluminar nuestra ceguera”, Dios quiso revelarse al ser humano “como hombre”, mostrando su verdadera imagen dentro de un proyecto de amor iniciado con la creación del mundo.
Durante su homilía, León XVI citó palabras de Benedicto XVI, recordando que “mientras la noche del error oscurezca esta verdad providencial, no hay espacio para los otros: para los niños, los pobres y los extranjeros”. En esa línea, subrayó que “no hay lugar para Dios si no hay lugar para el hombre; rechazar a uno implica rechazar al otro”.
El Papa afirmó que con el nacimiento del Niño Jesús, “Dios da al mundo una nueva vida, la suya, para todos”, aclarando que el mensaje de Navidad “no es una idea que resuelva todos los problemas, sino una historia de amor que nos involucra”.
Añadió que, frente a las expectativas de los pueblos y el dolor de los más vulnerables, Dios envía “un niño indefenso como palabra de esperanza”. “Ante la violencia y la opresión —señaló—, Él enciende una luz suave que ilumina con salvación a todos los hijos de este mundo”.
En uno de los pasajes más enfáticos, León XVI contrastó la lógica económica contemporánea con el mensaje cristiano: “Mientras una economía distorsionada induce a tratar a los hombres como mercancía, Dios se hace semejante a nosotros, revelando la dignidad infinita de cada persona. Mientras el hombre quiere convertirse en Dios para dominar al prójimo, Dios quiere hacerse hombre para liberarnos de toda esclavitud”.
El pontífice concluyó destacando que la Navidad es “fiesta de la fe, de la caridad y de la esperanza”. “Es fiesta de la fe, porque Dios se hace hombre; de la caridad, porque el don del Hijo se realiza en la entrega fraterna; y de la esperanza, porque el niño Jesús la enciende en nosotros y nos hace mensajeros de paz”, afirmó.
Al finalizar la misa, León XVI llevó en sus manos la imagen del Niño Jesús desde el altar hasta el pesebre instalado en la basílica, acompañado por diez niños procedentes de Corea del Sur, India, Mozambique, Paraguay, Polonia y Ucrania, y permaneció varios minutos en oración ante el Nacimiento.
Previamente a la ceremonia —celebrada a las 22:00, un horario retomado por el nuevo pontífice—, el Papa sorprendió al salir a la plaza de San Pedro para saludar a unos 5.000 fieles que seguían la misa bajo la lluvia a través de pantallas gigantes. “La basílica es muy grande, pero no tanto como para acogerlos a todos. Gracias por su valentía al esperar aquí”, expresó en inglés, y luego en italiano agradeció la presencia de los asistentes, invitándolos a celebrar la Navidad como la fiesta del amor y la paz de Dios.
León XVI volverá a aparecer este 25 de diciembre desde el balcón central de la basílica para pronunciar su mensaje de Navidad e impartir la tradicional bendición “Urbi et Orbi”, dirigida a la ciudad de Roma y al mundo.

